Sentado en la playa un día de verano observaba como unos niños,
jugaban en la arena. Estaban trabajando con esmero cerca del agua, en la
construcción de un elaborado castillo con portones, torres, y pasajes
internos. Cuando estaban acabando con el proyecto, una gran ola vino y
les derrumbó la construcción, reduciéndola a un montículo de arena
mojada.
Pensé que estallaría el llanto, agobiados por
lo que acababa de suceder en la obra que tanto trabajo les había
costado. Pero me sorprendieron. En vez de eso, alejándose del agua
salieron corriendo, riendo tomados de la mano y volvieron a sentarse a
construir otro castillo.
Me di cuenta que me habían
enseñado una gran lección. Todas las cosas de nuestra vida, todas las
estructuras complicadas sobre las que gastamos tanta energía y tiempo,
están construidas sobre arena. Sólo nuestra relación con Dios y con
otras personas perdurará. Tarde o temprano una ola puede llegar y tirar
abajo lo que nos ha costado tanto construir. Cuando eso suceda solo los
que tienen una Mano a la que aferrarse serán capaces de reír.
Bienvenidos a tu espacio de aprendizaje donde podremos compartir tus experiencias y formas del ver el mundo, en búsqueda de construir la verdadera Motivación y Liderazgo Gerencial... Adelante Muchachas y Muchachos...
domingo, 28 de abril de 2013
martes, 23 de abril de 2013
Liderazgo Trascendente...
El liderazgo ha dejado de ser una característica exclusiva de los
altos directivos y ha pasado a ser una competencia buscada en todos los
niveles de la organización. Las empresas quieren ser organizaciones
donde en lugar de haber seguidores de un líder haya líderes que a su vez
lideren a otros líderes.
Para lograr esto es necesario un cambio de cultura; abandonar el enfoque personalista del líder que ha imperado durante décadas y desarrollar un liderazgo común que trascienda de la cúpula directiva y que llegue a todos los ámbitos de la organización. Se trata de un nuevo liderazgo, denominado trascendente.
Se define por una relación de influencia personal. El efecto del líder trascendente es aún más profundo que el del transformador, pues además de los incentivos y los retos profesionales atractivos, apela a la necesidad que otros tienen de que su trabajo esté bien realizado, por su sentido de misión.
Es un líder fuertemente comprometido con el proyecto, que predica con el ejemplo y fomenta el liderazgo en sus colaboradores (es un líder generador de líderes). Promueve lo que los autores llaman el ownership, que consiste en traspasar el sentido de misión a los colaboradores, al nivel de responsabilidad que corresponda a cada uno. El liderazgo centrado en la misión (LCM) El liderazgo trascendente se implementa de arriba abajo, empezando por los primeros directivos y bajando en cascada a lo largo de toda la empresa.
Para conseguir este despliegue es necesario, explican los autores, que exista un "sentido de misión", porque sólo si los miembros de la compañía comparten una misma misión podrán llegar a compartir un mismo liderazgo. Aquí, el líder es aquel que tiene la responsabilidad directa de llevar a término una misión, y no importa si es director general, directivo o mando intermedio.
El cambio cultural que supone la implementación del liderazgo centrado en la misión no se consigue de forma automática, sino que requiere un aprendizaje tanto de los directivos como de los colaboradores. Basándose en su experiencia como consultores, los autores han desarrollado un modelo que contribuye a este proceso de cambio: el liderazgo centrado en la misión (LCM). El LCM está directamente relacionado con una misión y unos valores que van más allá de la propia persona del líder y se estructura en tres dimensiones: compromiso, cooperación y cambio.
El compromiso hace que el trabajador se sienta partícipe de una misión que hay que llevar a término. Para lograrlo, es imprescindible el compromiso personal del líder con la misión de la empresa, que luego debe ser capaz de transmitir a sus colaboradores. Para transformar el compromiso de la gente en resultados extraordinarios, el líder ha de crear sentido de urgencia, concretar unos retos específicos y exigir que estos se cumplan por sentido de misión. Y, por supuesto, se ha de actuar con consistencia, velar por la coherencia entre los diferentes elementos que componen la misión y buscar la excelencia en todos ellos. La cooperación consiste en ir más allá de los propios intereses y lograr que los miembros de la empresa trabajen en equipo por sentido de misión.
Para lograrlo, el primer paso es identificar interdependencias, determinar qué necesitan unos colaboradores de otros para llevar a cabo la misión del conjunto y conseguir acuerdos entre las partes. Conseguido esto, es importante hacer un seguimiento proactivo y una continua evaluación del servicio, para identificar nuevas necesidades e ir ajustado las expectativas y el compromiso a la realidad de cada momento.
Por último, es importante estar atentos al cambio, puesto que las competencias y el talento necesario para realizar con excelencia la misión de una empresa evolucionan de forma constante, a medida que lo hacen las expectativas y necesidades de los grupos de interés: clientes, empleados, accionistas... El líder trascendente fomenta el cambio continuo en todos los niveles de la organización. Para ello, primero identifica las necesidades de cambio y, una vez detectadas, es el primero en impulsarlas a través del cambio personal.
No hay que olvidar que lo que cambian no son las empresas, sino las personas, y alguien debe iniciar el proceso de cambio. Hecho esto, ha de promover el cambio en los colaboradores. En este punto, el líder se convierte en un auténtico coach de su gente, un proceso que culmina exitosamente si consigue que los colaboradores se conviertan en nuevos promotores del cambio, es decir, en nuevos líderes. Así, los subordinados pasan de seguidores a líderes, y el líder, a ser un líder de líderes y comienza un nuevo ciclo de cambio. Aunque este modelo para generar liderazgo trascendente en toda la organización no garantiza el éxito, el trabajo ha revelado que "el liderazgo trascendente es posible y alcanzable a todos los niveles si se dispone de un contexto adecuado".
Eso sí, insisten los autores, el líder trascendente debe practicar el LCM de forma sólida y continua, puesto que tanto las personas como las circunstancias cambian constantemente y siempre habrá que estar reforzando el proceso. Fuente: IESE Insight por Pablo Cardona, Carlos Rey
Para lograr esto es necesario un cambio de cultura; abandonar el enfoque personalista del líder que ha imperado durante décadas y desarrollar un liderazgo común que trascienda de la cúpula directiva y que llegue a todos los ámbitos de la organización. Se trata de un nuevo liderazgo, denominado trascendente.
Se define por una relación de influencia personal. El efecto del líder trascendente es aún más profundo que el del transformador, pues además de los incentivos y los retos profesionales atractivos, apela a la necesidad que otros tienen de que su trabajo esté bien realizado, por su sentido de misión.
Es un líder fuertemente comprometido con el proyecto, que predica con el ejemplo y fomenta el liderazgo en sus colaboradores (es un líder generador de líderes). Promueve lo que los autores llaman el ownership, que consiste en traspasar el sentido de misión a los colaboradores, al nivel de responsabilidad que corresponda a cada uno. El liderazgo centrado en la misión (LCM) El liderazgo trascendente se implementa de arriba abajo, empezando por los primeros directivos y bajando en cascada a lo largo de toda la empresa.
Para conseguir este despliegue es necesario, explican los autores, que exista un "sentido de misión", porque sólo si los miembros de la compañía comparten una misma misión podrán llegar a compartir un mismo liderazgo. Aquí, el líder es aquel que tiene la responsabilidad directa de llevar a término una misión, y no importa si es director general, directivo o mando intermedio.
El cambio cultural que supone la implementación del liderazgo centrado en la misión no se consigue de forma automática, sino que requiere un aprendizaje tanto de los directivos como de los colaboradores. Basándose en su experiencia como consultores, los autores han desarrollado un modelo que contribuye a este proceso de cambio: el liderazgo centrado en la misión (LCM). El LCM está directamente relacionado con una misión y unos valores que van más allá de la propia persona del líder y se estructura en tres dimensiones: compromiso, cooperación y cambio.
El compromiso hace que el trabajador se sienta partícipe de una misión que hay que llevar a término. Para lograrlo, es imprescindible el compromiso personal del líder con la misión de la empresa, que luego debe ser capaz de transmitir a sus colaboradores. Para transformar el compromiso de la gente en resultados extraordinarios, el líder ha de crear sentido de urgencia, concretar unos retos específicos y exigir que estos se cumplan por sentido de misión. Y, por supuesto, se ha de actuar con consistencia, velar por la coherencia entre los diferentes elementos que componen la misión y buscar la excelencia en todos ellos. La cooperación consiste en ir más allá de los propios intereses y lograr que los miembros de la empresa trabajen en equipo por sentido de misión.
Para lograrlo, el primer paso es identificar interdependencias, determinar qué necesitan unos colaboradores de otros para llevar a cabo la misión del conjunto y conseguir acuerdos entre las partes. Conseguido esto, es importante hacer un seguimiento proactivo y una continua evaluación del servicio, para identificar nuevas necesidades e ir ajustado las expectativas y el compromiso a la realidad de cada momento.
Por último, es importante estar atentos al cambio, puesto que las competencias y el talento necesario para realizar con excelencia la misión de una empresa evolucionan de forma constante, a medida que lo hacen las expectativas y necesidades de los grupos de interés: clientes, empleados, accionistas... El líder trascendente fomenta el cambio continuo en todos los niveles de la organización. Para ello, primero identifica las necesidades de cambio y, una vez detectadas, es el primero en impulsarlas a través del cambio personal.
No hay que olvidar que lo que cambian no son las empresas, sino las personas, y alguien debe iniciar el proceso de cambio. Hecho esto, ha de promover el cambio en los colaboradores. En este punto, el líder se convierte en un auténtico coach de su gente, un proceso que culmina exitosamente si consigue que los colaboradores se conviertan en nuevos promotores del cambio, es decir, en nuevos líderes. Así, los subordinados pasan de seguidores a líderes, y el líder, a ser un líder de líderes y comienza un nuevo ciclo de cambio. Aunque este modelo para generar liderazgo trascendente en toda la organización no garantiza el éxito, el trabajo ha revelado que "el liderazgo trascendente es posible y alcanzable a todos los niveles si se dispone de un contexto adecuado".
Eso sí, insisten los autores, el líder trascendente debe practicar el LCM de forma sólida y continua, puesto que tanto las personas como las circunstancias cambian constantemente y siempre habrá que estar reforzando el proceso. Fuente: IESE Insight por Pablo Cardona, Carlos Rey
viernes, 12 de abril de 2013
Sobre el Liderazgo de Hoy!!
No existe una tipología de líder a seguir; intentar encasillar a
un líder dentro de una serie de características para imitar su éxito es un
terrible error. Abundan las teorías que insisten en vender al ejecutivo de
éxito, el cual responde a ciertos requisitos establecidos por los teóricos. El
líder, al igual que todo ser humano, es único y singular; puede ser gordo,
pequeño, hombre o mujer, bonito o feo, con buen carácter o no tan bueno,
etcétera.
La persona que aspire a ser líder lo primero que tiene que hacer es borrarse para siempre la idea de que existe una tipología “idea” para ser líder. Todos los seres humanos tenemos el potencial suficiente para ser líderes, pero también contamos con las debilidades que pueden impedir serlo, por lo que es imposible ajustarse a un patrón.
Si usted aspira a ser un líder, lo primero que tiene que hacer es aceptarse tal como es; acepte por igual sus potencialidades y sus debilidades.
Desarrolle sus potencialidades; recuerde que acostumbramos pasar toda la vida fijándonos sólo en el error. Si uno de nuestros hijos es, por ejemplo, flojo en matemáticas y obtiene malas calificaciones, lo ponemos a estudiar matemáticas día y noche, pero si el niño tiene un gran talento musical jamás lo apreciamos. Por favor. Deténgase un instante ante sus hijos y piense: ¿cuáles son sus potencialidades? ¿Cuáles son sus habilidades?, y dedíquese a estimularlas e impulsarlas. El líder de excelencia no se apoya en las debilidades de sus seguidores; se apoya en sus propias potencialidades. Ahí está el secreto de un gran líder: en que busca la expresión máxima de cada subordinado y con ella hace una auténtica obra maestra.
La esencia
Aunque existen diferencias entre las acciones de un líder y lo que muestra a los demás, siempre es tan importante la esencia como la presentación de una gente de gran calidad. El líder, por medio de su aspecto personal, sus modales y su lenguaje deberá tener precisamente el mimetismo del camaleón y con esa habilidad ingresar y ganar la confianza para comunicarse en los diferentes medios en los que se mueve y actúa.
El empaque, es decir, la apariencia de un ejecutivo, hombre o mujer, está íntimamente relacionado con su contenido. En la mañana, cuando usted se arregle, cuando esté dispuesto a salir a la calle, pregúntese, por favor: ¿mi presentación va de acuerdo con mi contenido? ¿realmente mi presencia refleja mi interior? ¿Llevo el empaque acorde con mi talento? Esto es muy importante pues la gente olvida que la presentación cuenta mucho en el mundo laboral.
Quizá no es más importante la presencia que el contenido, pero sí es el complemento adecuado, y esto es porque de lo contrario sería como un loro; una persona con mucha presencia y poco contenido. Si conseguimos el binomio contenido-presencia tendremos una llave más para lograr el éxito personal y corporativo.
La persona que aspire a ser líder lo primero que tiene que hacer es borrarse para siempre la idea de que existe una tipología “idea” para ser líder. Todos los seres humanos tenemos el potencial suficiente para ser líderes, pero también contamos con las debilidades que pueden impedir serlo, por lo que es imposible ajustarse a un patrón.
Si usted aspira a ser un líder, lo primero que tiene que hacer es aceptarse tal como es; acepte por igual sus potencialidades y sus debilidades.
Desarrolle sus potencialidades; recuerde que acostumbramos pasar toda la vida fijándonos sólo en el error. Si uno de nuestros hijos es, por ejemplo, flojo en matemáticas y obtiene malas calificaciones, lo ponemos a estudiar matemáticas día y noche, pero si el niño tiene un gran talento musical jamás lo apreciamos. Por favor. Deténgase un instante ante sus hijos y piense: ¿cuáles son sus potencialidades? ¿Cuáles son sus habilidades?, y dedíquese a estimularlas e impulsarlas. El líder de excelencia no se apoya en las debilidades de sus seguidores; se apoya en sus propias potencialidades. Ahí está el secreto de un gran líder: en que busca la expresión máxima de cada subordinado y con ella hace una auténtica obra maestra.
La esencia
Aunque existen diferencias entre las acciones de un líder y lo que muestra a los demás, siempre es tan importante la esencia como la presentación de una gente de gran calidad. El líder, por medio de su aspecto personal, sus modales y su lenguaje deberá tener precisamente el mimetismo del camaleón y con esa habilidad ingresar y ganar la confianza para comunicarse en los diferentes medios en los que se mueve y actúa.
El empaque, es decir, la apariencia de un ejecutivo, hombre o mujer, está íntimamente relacionado con su contenido. En la mañana, cuando usted se arregle, cuando esté dispuesto a salir a la calle, pregúntese, por favor: ¿mi presentación va de acuerdo con mi contenido? ¿realmente mi presencia refleja mi interior? ¿Llevo el empaque acorde con mi talento? Esto es muy importante pues la gente olvida que la presentación cuenta mucho en el mundo laboral.
Quizá no es más importante la presencia que el contenido, pero sí es el complemento adecuado, y esto es porque de lo contrario sería como un loro; una persona con mucha presencia y poco contenido. Si conseguimos el binomio contenido-presencia tendremos una llave más para lograr el éxito personal y corporativo.
viernes, 5 de abril de 2013
Las Buenas Relaciones Humanas... Una clase de Motivación
Habla con las personas. No hay nada tan agradable y alentador como
una palabra de saludo cordial, particularmente hoy en día que tanto
necesitamos de gestos amables.
Sonríe a las personas. Recuerda que para mover la cabeza ponemos en acción 72 músculos, y que para sonreír nos basta con movilizar 14.
Llama a las personas por su nombre. Para casi todos, la música más suave es oír su propio nombre.
Sé amistoso y servicial. Si quieres tener amigos, sé amigo.
Sé cordial. Habla y actúa con toda sinceridad: todo lo que hagas hazlo con gusto. Interésate sinceramente por los demás. Recuerda que sabes lo que sabes, pero no sabes lo que otros saben.
Sé generoso al elogiar y cauteloso al criticar. Los líderes elogian, saben animar, dar confianza y elevar a los otros.
Aprende a captar los sentimientos de los demás. Hay tres ángulos en toda controversia: el tuyo, el del otro y el del que sólo ve lo suyo con demasiada certeza.
Presta atención a la opinión de los otros. Tres son las actitudes de un auténtico líder: oír, aprender y saber elogiar.
Procura aportar los buenos servicios que puedes hacer: lo que realmente vale en nuestra vida es lo que hacemos por los demás.
Sonríe a las personas. Recuerda que para mover la cabeza ponemos en acción 72 músculos, y que para sonreír nos basta con movilizar 14.
Llama a las personas por su nombre. Para casi todos, la música más suave es oír su propio nombre.
Sé amistoso y servicial. Si quieres tener amigos, sé amigo.
Sé cordial. Habla y actúa con toda sinceridad: todo lo que hagas hazlo con gusto. Interésate sinceramente por los demás. Recuerda que sabes lo que sabes, pero no sabes lo que otros saben.
Sé generoso al elogiar y cauteloso al criticar. Los líderes elogian, saben animar, dar confianza y elevar a los otros.
Aprende a captar los sentimientos de los demás. Hay tres ángulos en toda controversia: el tuyo, el del otro y el del que sólo ve lo suyo con demasiada certeza.
Presta atención a la opinión de los otros. Tres son las actitudes de un auténtico líder: oír, aprender y saber elogiar.
Procura aportar los buenos servicios que puedes hacer: lo que realmente vale en nuestra vida es lo que hacemos por los demás.
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